Dubrovnik

Dubrovnik

Como cada año, cuando se acercan las vacaciones, comienzan nuestros problemas, debemos elegir un destino de viaje, y normalmente son muchas las ideas, y muchos los lugares que se nos ocurren para visitar, pero este año, lo teníamos bastante claro: Nuestro destino seria Croacia.

Este país cuenta con más de 5000 km de costa y más de 1000 islas, se anuncia comercialmente  con el eslogan “El mediterráneo tal y como era”, y sin embargo nos ofrece mucho más que costa, playa y mar.

La mejor manera de conocer Croacia es cogiendo un coche de alquiler, una buena guía de viajes, en nuestro caso somos fieles a las guías de Lonely, y un GPS, para por supuesto después no hacerle mucho caso.

El alojamiento, en Sobes, es decir casas particulares, que alquilan habitaciones. Estos Sobes, se distinguen por que tiene una placa azul, en la que se indica la categoría, y que además están totalmente reguladas por el gobierno croata. A no ser que viajes en Agosto, no hace falta reservar con antelación, sino que según vas haciendo tu camino, puedes decidir dónde vas a alojarte, eso si antes de acordar nada es mejor asegurarse el precio, si tiene baño o no y si incluyen el desayuno, para que después no haya sorpresas.

Normalmente, por lo menos en nuestro caso, no tuvimos ningún problema, y por el módico precio de 30 € por noche podías dormir en un apartamento con cocina en frente del mar.




Nuestra primera toma de contacto, en la ruta Zagreb – Lagos de Plitvice, nos recordó que nos encontrábamos en un país que hacía muy poco tiempo que había salido de una terrible guerra, las casas todavía con restos de bombazos y metralla, señales de peligro minas en los campos etc….

Las informaciones que habíamos recogido tanto en internet como en nuestra guía, nos hablaba de un país con sol y mucha luz, y allí estábamos nosotros recorriendo los senderos del parque de Plitvice bajo una tremenda borrasca, empapados pero eso si alucinando con cada rincón que encontrábamos.

Como solo disponíamos de una semana, decidimos que nuestra ruta, seria por la costa, centrándonos en la región conocida como Dalmacia.

dubrovnik murallas

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Durante nuestro viaje recorrimos los principales lugares turísticos como Zadar, donde descansamos escuchando los sonidos del Órgano del Mar,  Split y su Palacio Diocleciano, donde nos tomamos una copa entre sus muros declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco, el medieval casco histórico de Trogir, la isla de Pag, donde degustamos su queso, elaborado con la leche de las ovejas que pastan en sus saladas praderas,  Sibenik con su catedral de las mil caras, la isla de Korkula, donde finalmente pudimos sacar el bikini y zambullirnos  en las azules aguas del Adriático, Mostar, donde tras ver el famoso puente reconstruido con la ayuda de soldados españoles, nos tomamos un café turco mientras escribíamos una postal para enviar a Otxagabia, (postal que por cierto llego a su destino), Y por supuesto Dubrovnik, nuestra última parada antes de regresar a casa.

Dubrovnik, la también llamada perla del adriático hace honor a este nombre, si podéis elegir, es mejor alojarse dentro de su casco histórico en algún pequeño hostal. Dubrovnik es un hervidero de gente, aquí se mezclan turistas y lugareños, pero sobre todo turistas, no hay que dejar de dar un paseo por el paseo de ronda de las murallas, tomar un zumo de naranja natural en un pequeño bar que se encuentra en una apertura de las murallas, (como narices subirán las cajas de naranjas hasta allí, digo yo….), y por supuesto en cuanto atraca un crucero, y comienzan a bajar a tierra los turistas, abarrotándolo todo, es mejor coger la toalla y el bikini, e ir al Buzza, un bar al que se accede desde una abertura de la muralla, situado en el acantilado, a tomar algo fresco, darte un baño, y contemplar la puesta de sol, a la espera de que los grandes cruceros abandonen la ciudad y poder disfrutar de Dubrovnik y sus terrazas con mucha más tranquilidad.

Al final, y con mucha pena tuvimos que regresar a casa, pero nos quedamos con un montón de curiosas experiencias, pero sobre todo con un muy buen sabor de boca por haber descubierto este pequeño país y sus amables gentes, que ante todo, y sin esperar nada a cambio, estaban siempre dispuestas a echarte una mano en lo que hiciera falta.




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